Críticas Literatura

Seúl, capital de los enredados hilos del destino

noviembre 19, 2018
Ilustración de Inma Moya: De Seúl Al Cielo

El hilo rojo del destino puede enredarse, pero nunca romperse. La columna vertebral de la obra De Seúl al cielo, escrita por Silvia Aliaga y Tatiana Marco, se centra en una idea que engañosamente puede parecer simple pero que tiene muchas implicaciones. Como si se tratara de un río profundo que serpentea por una península y se divide en pequeños caminos. Pero todos, al final, llegan al mar.

La novela publicada por Nocturna Ediciones cuenta las aventuras de Paula, una bailarina española que sueña con que su futuro esté en Seúl; Cris, una joven británica que viaja al país surcoreano con una única misión en mente; y Jay, una estrella del grupo de k-pop R*E*X que tiene que lidiar con la oscuridad de su mundo. Sus vidas se entrelazan, como si la rueda del destino hubiera empezado a girar y su hilo rojo los mantuviera para siempre unidos.

La historia se divide en tres partes según se esté ante la óptica de Paula, de Cris o de Jay, y cada uno demuestra, no solo una visión de los hechos distinta según su perspectiva y lo que conocen, sino una forma de narrar diferente con razón de su personalidad y la intención que tiene ese personaje dentro de la historia. Una decisión hábil y brillante por parte de Aliaga y Marco, que aporta versatilidad y profundidad a la obra, así como un nivel de detalle que quizás no habría sido posible si se hubieran basado en un clásico narrador en tercera persona o al centrarse en las vivencias de uno solo de ellos con una narración en primera persona.

Precisamente esa diversidad entre los tres principales hace que sea imposible no encariñarse y empatizar con los personajes, con sus personalidades, sueños, dudas y miedos. Muestran que las personas no son seres simples, que no cuentan con una única faceta y que el entorno y las intenciones varían la manera en que se comportan.

La historia está plagada de detalles que parecen estrellas desperdigadas, pero basta con apreciarlas con perspectiva, dando el tiempo suficiente para contemplarlas, para descubrir que forman constelaciones llenas de significado que inundan el cielo de Seúl.

Capaz de provocar una vorágine de emociones intensa, aunque la novela nos guíe a un camino que ya sabemos dónde va a desembocar, eso no hace que el trayecto sea menos intrigante ni menos cautivadora.

Al final, no hace falta que te guste el k-pop o siquiera lo conozcas para que De Seúl al Cielo te atrape. Porque la verdadera meta va más allá. Con la estela de Paula, Cris y Jay, la historia nos habla directamente sobre cómo somos, cómo queremos, cómo soñamos y cómo tememos. Sobre la manera en que vivimos y maduramos, haciendo frente a momentos felices, esperanzas y pesadillas.

Muchas veces, simplemente consiste en eso: naces, creces, abandonas el instituto antes de tiempo, consigues un trabajo a media jornada en un centro comercial y a los diecinueve años te atropella un autobús. 

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